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LUCHA POR LA VIDA EN LA MAR .LA HIGIENE Y MEDICINA NAVAL


Bibliografia: Manuel Gracia Rivas; Marañón

Un buque en la mar se enfrenta, por su propia naturaleza, a un medio hostil  y como consecuencia cualquiera que lo tripule sufrirá sus consecuencias. La mar une y aísla, se calma y se enfurece, acaricia y mata. Es en sí pura paradoja. Y el hombre desde la antigüedad, ingenuamente, osó  profanarla y la mar jugó con él.
Cuando el hombre dejó la tierra para incorporarse a la aventura marítima se aisló de un medio que era su soporte natural. En tierra, para la enfermedad y para las heridas que el trabajo y la vida aportaban, tenía remedios, próximos o lejanos. En la mar no había espacio para otra cosa que no fuera la estiba o las cadenas de los galeotes. No existía nada que sugiriera higiene y mucho menos medicina. El hombre era una pieza más del barco, susceptible de ser sustituido cuando no sirviera y los espacios eran la negación de estos mismos. No existían problemas sanitarios porque no había razón para aliviarlos. Todo era la negación del hombre por el hombre. El fin próximo y último era la victoria, la carga humana nada significaba.
Ni los fenicios ni los cartagineses prestaron atención alguna a las condiciones higiénicas de sus barcos. 
Sin embargo los romanos sí tuvieron conciencia de cierto espítitu protector a la hora de cuidar el estado de sus esclavos a bordo; concretamente  JUNIO LIBERATO COLUMELA (S.I A.d.C) aconsejaba que "Si se descubre que algún esclavo finge estar enfermo, llévesele, sin dudarlo,a la enfermería. Es mejor que permanezca agotado por el trabajo uno o dos días, bajo vigilancia, que oprimido por el trabajo excesivo enferme de verdad". Así mostraba Junio un dominio de una inteligente estrategia con estas pragmáticas  normas aplicables también a los soldados.
Los trirremes "AESCULAPIUS" y "ASCLEPIUS" fueron buques hospitales (aunque el concepto de estos difiera del actual porque tambien eran buques hospitales los que servian para evacuar heridos durante las contiendas) y dependiendo del número de tripulantes embarcaría uno o más médicos: si 200 un médico y por cada 200 uno más. Estos eran considerados "DUPLICARII" , es decir recibían doble paga .



Según la mitología griega  fue Asclepio (Esculapio), hijo de Apolo y Coronois, el adalid del ideal curativo vinculándole con el mundo marítimo. Tal vez por esta razón los griegos sí embarcaban en sus buques los "médicos navales". También existe la hipótesis de que tuvieran sus buques hospitales para atender a los heridos: Al parecer hubo en la guerra del Peloponeso un buque denominado "Terapia".
En la Iliada está escrito " Un hombre médico es equivalente a muchos más, porque te quita las flechas y te aplica los remedios calmantes"
En España, tal vez, el primer médico que trabajó a bordo fue Arnau de Vilanova, en tiempos de Jáime II de Aragón.
En las galeras, lo que era el cuerpo sanitario estaba formado por el barbero y el cirujano, aunque a veces se contaba también con un médico y un boticario. Médicos y cirujanos embarcaban con su material de trabajo, así estaba estipulado : "El médico o cirujano, uno por galera, debe embarcar las herramientas de su oficio, y tiene salario para cuatro meses, quince libras barcelonesas". Por supuesto había jerarquías:  el cargo más importante era el de Protomédico, supervisaba, a modo de un jefe de personal el personal sanitario. Protomédico era el encargado de examinar "a todas las personas que quisieren usar el oficio de médicos, cirujanos, boticarios y barberos en las dichas galeras" tenía facultad para   expedir sus títulos para ejercer en las galeras, solo en las galeras.  En la jerarquía, y con cierto nivel, tambien  estaban el boticario y el cirujano mayor.
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La mar y quien en ella se aventurase jugaban papeles inciertos. La mar con los vientos creaban espacios inaccesibles para los insignificantes hombres que la profanaban. La mar y los vientos contaban con unos aliados que incondicionalmente se les unía: el aislamiento, la distancia, el cansancio, la enfermedad... Aquellos hombres eran unos locos y fueron muchos los que pagaron cara su osadía.

"¡ Larga trinquete en nombre de la Santísima Trinidad Padre e Hijo y Espíritu Santo, tres personas y un solo Dios verdadero que sea con nosotros y nos guarde y guíe y acompañe y nos de buen viaje a salvamento y nos lleve y vuelva con bien a nuestras casas !"
De esta forma el Piloto imploraba la protección Divina antes de comenzar la maniobra de zarpar. Se sugería hacer testamento, confesar y comulgar para navegar en estado de gracia porque siempre estarían en peligro de muerte. No cabe duda de que la aventura marítima en los años del descubrimiento significaba un desenlace imprevisible. La vida a bordo no tenía otros ingredientes que no fueran los de la diaria supervivencia. Espacios angostos, alimentación escasa y racionada, cuando no completamente deteriorada.
Para la alimentación se solían preparar lo que se llamaban "panis náuticus" algo así como unos bollos en forma de galletas o bizcochos fabricados de harina de trigo que se endurecían hasta tal punto que era dificilísima su masticación. En Las Partidas de Alfonso X el sabio se lee:   ."... como deben ser guisados los navíos de homes et de armas et viandas (...) Et otrosi deben traer mucha vianda,  así como vizcocho, que es pan muy ligero de traer porque se cuece dos veces et dura mas que otro et  non daña; et deben levar carne salada, et legumbres, et queso, que son cosas que muy poco dello gobierna mucho a los homes, et ajos et cebollas para guardallos de corrompimiento del aire de la mar et de las aguas dañadas que beban... Otrosi deben levar agua dulce la mas que puedan (...) el vinagre deben otrosi levar que es cosa que le templa en sus comeres et para beber con el agua cuando hubiese gran sed (...) la sidra et el vino como quiera que los homes lo usan mucho, son cosas que embargan el seso, lo que non conviene en ninguna manera a los que ha de guerrear sobre el mar...".Llevaban animales vivos y la carne que se almacenaba o bien era en forma de tasajos o de cecinas, algunas conservadas en sal y otras ahumadas. Legumbres, grasas, condimentos, vinagre, vino... formaban parte de la alimentación a bordo pero sin agua no se vive y ¿ que pasa con el agua ?. Sebastián Vizcaino (1602) comenta: "por la mucha necesidad que teníamos de agua, y pasar adelante sin buscalla era gran temeridad y a riesgo de que pereciesemos de sed".  En las travesías se perdía mucha agua, se rompian vasijas, se arrojaban al mar como deslastre en muchos temporales y tambien se contaminaba por putrefacción. Los indígenas dieron pistas a los navegantes cuando estos consiguieron transportar miles de cocos en sus bodegas. Había corrupción en los momentos de hacer los abastecimientos y todas estas acciones caian sobre las espaldas de los que tenían que soportar tan largas singladuras. Cuando faltaban la vida a bordo se convertía en un infierno. No es de extrañar lo que se dijo en aquella época despues de un viaje: "La gente de los navíos estaba tan molida, turbada, enferma y de tantas amarguras llena, que, como desesperada, deseaba más la muerte que la vida, viendo que todos cuatro elementos contra ellos tan cruelmente peleaban. Temían el fuego, los vientos, el agua y la tierra que era refugio de los maleantes". Las enfermedades se multiplicaban, desde las avitaminosis y como consecuencia escorbuto, hasta ulceraciones pasando por problemas cardiovasculares y pulmonares. En los viajes de Colón, se cuenta que la comida se hacía solo de noche para no ver los gusanos e insectos que venían con el pan o la menestra, el agua se pudría, decían que se mareaba, se tornaba turbia y hedionda, al cabo del tiempo aclaraba (simplemente por sedimentación, por declinación del proceso fermentivo)


Según Pazzis en su "La Armada de los Austrias":
La higiene no contribuia demasiado a  elevar el ánimo de los embarcados, el hedor de sus cuerpos, hacinados durante semanas, lavados con aguas putrefactas, llegaba, incluso, a espantar a sus enemigos. En los galeones del Atlántico no era extraño convivir con "inquilinos" que se alimentaban de los seres humanos. En el "Guzmán de Alfarache" de Mateo Alemán, este los llama "animalejos" y un observador embarcado hacía esta gráfica descripción:
     "Es privilegio de galeras que todas las pulgas que salten por las tablas y todos los piojos que se crien en las costuras y todas las chinches que están en los resquicios sean comunes a todos y se repartan por todos y se mantengan entre todos: se introducían en los rellenos de los colchones, en las costuras de las ropas y solo se libraban de ellos sumergiendolos en el mar. Por otra parte los servicios de limpieza eran mínimos y el aseo personal peor que mínimo."
Las cucarachas y las ratas eran otra plaga, que producían enfermedades a bordo que los soldados no concebían como "gajes del oficio"  (tiros del enemigo) porque aquellas mataban más lentamente. En 1633 aparecen unas Ordenanzas con unas disposiciones según las cuales se prohibía embarcar gente con "enfermedades contagiosas, mal de corazón u otras semejantes"

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